Metas SMART: Del propósito al logro

 

por Mónica De Salazar

Cuando todas las personas hablan de hacer propósitos, vale la pena definir qué es exactamente un propósito. Se trata de la intención o propósito que lleva a conseguir algo que idealmente es beneficioso, es decir, el empuje para conseguir un objetivo que puede ser una meta total o parte de una meta global.

Entonces, ¿por qué año con año las personas hacen propósitos o por qué cada lunes se inicia una dieta que dura hasta el martes, o por qué se inicia un ahorro y poco después se gasta el dinero reunido? Pues la respuesta es simple de decirse, aunque no de concretarse: Falta de claridad y que metas específicas.

Qué diferente sería decir cosas como:

“Este año, quiero lograr terminar de leer tres libros”; en lugar de “leer más…”.

¿”Leer más”? Más que cuándo, más que quién, más qué… Y entonces como no sabemos exactamente a qué nos estamos refiriendo, no está clara la meta, ni el objetivo, y el propósito acaba disolviéndose al poco tiempo.

O… “Ya, me voy a poner a dieta…”, en lugar de “voy a comer de 3 panes a solo 1 al día durante un mes”. Eso ya quiere decir una reducción de más de 30% de una fuente de carbohidratos, porque “ponerse a dieta” pueden ser mil cosas, incluyendo dietas para engordar.

O… “Voy a gastar menos y ahorrar más”, en lugar de “cada semana voy a eliminar comprar café de la tiendita y mejor eso lo ahorraré para ver cuánto dinero junto en 10 días”. Con lo cuál en una sola acción está logrando las dos cosas que desea pero está claro de dónde va a salir el recurso.

Claro, el punto es poder definir con mayor claridad y precisión qué es lo que vamos a hacer; y posiblemente incluso hacer aparentemente más pequeña la meta en cuestión, pero recordemos que cuando una cosa nos sale bien, queremos volverla a hacer o hacerla pero con un poco más de reto. En cambio si queremos conquistar la primera gran meta desde el primer momento es posible que resulte abrumadora y finalmente la abandonemos por parecer fuera del alcance.

Una forma sencilla de ayudar a definir mejor tus propósitos o metas es usando una herramienta llamada Pensamiento SMART (por el acrónimo formado en inglés), donde hay cinco rubros a valorar:

S (Specific) – ¿Qué tan específica es tu meta? Es decir, cantidad, color, características…

M (Measurable) – ¿Cómo puedes medir el progreso de tu meta? Números, fotografías, evidencias, souvenirs, boletos comprados…

A (Action Oriented) – ¿Qué verbos que indiquen acciones puedes pensar en torno a esta meta? Por ejemplo: Listar, reflexionar, correr, cocinar, dejar de…

R (Realistic) – ¿Qué tan realista es esta meta? Al momento de evaluar este punto es donde puedes darte cuenta de tus capacidades y recursos al momento actual para llegar hasta donde has esbozado. Aquí también puedes darte cuenta de cosas que requieres conseguir o desarrollar, o de algunos recursos que sean procesos previos necesarios.

T (Time Bound) – ¿Cuál es el plazo o temporalidad en la que esta meta esté enmarcada? Recuerda que así como un plan que no está escrito es solo una idea, un plan que no tiene fecha es difícil que suceda. Esto es porque deja de ser prioridad y no existe una auténtica referencia del momento en que debe haberse completado.

Esclarecer y lograr poner en palabras los propósitos es el primer paso para lograr conseguirlos, luego es importante hacer tu inventario de recursos personales o materiales para saber con qué cuentas y así poder iniciar tu proceso creativo.

Contenido originalmente publicado en LifeStrategics.